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Emmanuel Carrère 

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos

17.04.2019
La obra de Carrère posee una curiosa fijación por los personajes improbables e ininteligibles en el plano psíquico, a los que aplica un tratamiento narrativo transgénero. Igual que en los casos de Limónov y de Jean-Claude Romand, la «bioficciografía» de Philip K. Dick, el aclamado autor de ciencia-ficción, se construye sobre el armazón de su vida,  tratada con el frío y aséptico distanciamiento del biógrafo; pero en la elección de los temas, las correspondencias entre sus libros y los episodios de su vida –incluido el intento de responder a la cuestión de si es la imaginación literaria la que invade la vida del autor, o es la paranoia vital la que se expresa a través de su literatura–, y la preponderancia de los tres pilares sobre los que se asienta el ensayo, la hermana gemela muerta al nacer; la influencia de la religión, en forma de experiencias místicas; y los desórdenes psíquicos, reforzados por el abuso de drogas psicotrópicas; es decir, cuando penetra en su consciencia y especula acerca de sus obsesiones, despliega un amplio arsenal de recursos ficcionales que incluyen una respetuosa comicidad y la empatía cómplice del que ha llegado a asumir, si no a discernir, lo incomprensible.
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