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Giorgio Agamben

Pilato y Jesús

03.11.2014

Hay gestos que parecen sobrevivir a las palabras. No es que el gesto sustituya la palabra escrita u oral, puesto que no hay oralidad sin gesto, sino más bien que éste delimita el espacio en el que la palabra no alcanza. De entre todos los gestos que la Antigüedad nos ha legado, uno de los que ha sobrevivido con mayor vitalidad en la memoria colectiva es el gesto de Poncio Pilato. Ante el clamor del pueblo judío y ante Jesús, Pilato se lavó las manos. Gesto más que ambiguo, puesto que tan pronto se podría ver en él un intento de sustraerse a la responsabilidad por la muerte de Jesús, como una forma de aceptar la culpabilidad antes de que se cumpla la condena. ¿Qué dijo propiamente Pilato? ¿De qué hablaron, Pilato y Jesús, antes de dar paso al gesto?

Pilato y Jesús, el último libro traducido al castellano de Giorgio Agamben, nos transporta a la escena en la que Jesús fue entregado al prefecto de Judea. Siguiendo el método arqueológico, heredado del pensador francés Michel Foucault, Agamben desentierra esta escena de la oscuridad de los siglos para volver a darle toda su vigencia. ¿Quién fue ese hombre que se lavó las manos? ¿Por qué mantuvo una conversación filosófica con Jesús? ¿De qué manera los textos que configuran la tradición cristiana narran esa escena doble; de Pilato y Jesús frente a frente, y la de ellos dos ante el pueblo que pide el veredicto?
Más allá de lo anecdótico Agamben recorre los puntos clave que han construido nuestra tradición, poniendo de relieve la articulación, hasta entonces ausente en el pensamiento clásico, entre verdad e historia; o la confrontación entre el derecho terrenal y el derecho divino; y cómo la difícil resolución de dichos conflictos llevaron a Pilato a lavarse las manos. Difícil resolución que quizás, nos dice Agamben, siga irresuelta. Algo a lo que daría testimonio justamente la ambigüedad misma de ese gesto que, queriendo rehuir los acontecimientos históricos, habría de transformarse en un gesto radicalmente histórico.

En este pequeño libro, con la imaginativa y al mismo tiempo erudita escritura que caracteriza la obra de Agamben, pone de manifiesto la necesidad de volver a pensar momentos que parecen haber caído en el olvido. Si en La muchacha indecible Agamben recupera el corpus griego, en su último libro sigue explorando, así como en la próxima publicación de Altísima pobreza – Reglas monásticas y forma de vida,  los textos que componen el canon cristiano.  

 
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