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Guy Standing

Standing estuvo en La Central y le hicimos una entrevista

07.06.2017
Empezamos por El precariado. Una de las cosas que nos sorprendió de su libro es el subtítulo de la edición original, «una clase peligrosa». ¿Por qué el precariado es una clase peligrosa?
Es peligrosa en distintos sentidos. En la primera página del libro ya digo que si los políticos no hacen nada en relación a las inseguridades del precariado, seremos testigos de la emergencia de un monstruo político. Desde el pasado noviembre, mucha gente me ha dicho «tu monstruo ha llegado». Dentro del precariado distingo entre tres facciones. A la primera les llamo «los atávicos», gente que proviene de la clase trabajadora y que acostumbraban a tener fe en los partidos socialistas y comunistas. Se han visto afectados por el capitalismo global, de modo que tienen una existencia más insegura. No tienen demasiados estudios y escuchan a los populismos neofascistas: Donald Trump, Brexit, Marine Le Pen, a vuestro PP, que se ha desplazado hacia la derecha, etc. Evidentemente, esto es peligroso porque nos enfrentamos a la llegada del neofascismo populista. La segunda facción del precariado son los migrantes, las minorías, los discapacitados, que no tienen ningún sentimiento de pertenencia a la sociedad, que no tienen presente. Se les aparta de la sociedad convencional y se les transforma en víctimas. Este grupo sería la vertiente triste de este peligro. La tercera facción son los jóvenes con estudios, los universitarios a los que han prometido un futuro y se dan cuenta rápidamente de que han comprado un número de lotería, que tal vez resultará ganador, pero el número es cada vez más caro y cada vez hay más perdedores. Esta parte del precariado no votará a extremistas de derechas, renuncian a la vieja política y resultan peligrosos para el establishment. Este, para mi, es un peligro positivo.

¿Cómo ve las relaciones políticas de este precariado progresista?
Uno de los problemas actuales es que la vieja socialdemocracia no se ha preocupado del precariado. Esto es un problema a corto plazo, los viejos discursos deben morir antes de que puedan surgir los nuevos, como en el imaginario gramsciano, y creo que esto es lo que está sucediendo en los últimos años. Desde una perspectiva histórica, se tarda mucho desde que hay una crisis económica hasta ver la emergencia de una nueva política y la formación de una nueva clase. Esta vez, todo esto está pasando muy rápido. Hemos tenido manifestaciones masivas, hemos visto cómo se formaban nuevos partidos políticos, cómo se formaban nuevos movimientos, que tal vez no sean perfectos, o no tengan un programa perfecto, pero hay mucha energía en circulación. Para muchos de nosotros, progresistas, es muy frustrante porque querríamos, por ejemplo, que la cúpula de Podemos dejara de tener peleas triviales, o que los verdes se pusieran las pilas... pero vaya donde vaya siento esta energía. Hoy, comparado con cuando escribí el libro, mucha gente dice «Soy parte del precariado, y estoy orgulloso de ello» y esta es la primera fase del cambio histórico, el darse cuenta y no sentir vergüenza. Hace 5 años, el discurso hubiera sido muy distinto; ahora, en cambio, mucha más gente se reconoce como precariado y está empezando a formar parte de movimientos a través de las redes, del diálogo... es algo extraordinario, algo genuino.

En su último libro habla de la revuelta del precariado. ¿Qué formas tomará esta revuelta? ¿La veremos pronto? Estamos impacientes…
Exacto. Creo que estamos impacientes. Cada vez vemos más gente que se pregunta «¿qué debería hacer?». Y esta es una pregunta fantástica. Siempre digo que no tenemos ninguna excusa para la pasividad, porque nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos, todos estamos en ello, involucrados a nivel ecológico, social y económico. Tenemos que luchar contra la corrupción del capitalismo que describo, y lo tenemos que hacer colectivamente.

Es fácil desencantarse con la política y pensar que nada va a cambiar, pero su libro es muy optimista. ¿Qué podemos hacer para cambiar la situación actual?
Una de las cosas más importantes hoy en día es educarnos sobre la naturaleza del capitalismo rentista, que ha distorsionado el libre mercado. Cuando vuestro presidente o mi primer ministro hablan sobre estar a favor del libre mercado, están mintiendo. Y si podemos demostrarlo a través del análisis crítico de lo que está sucediendo, de cómo los rentistas están acumulando dinero y cómo los derechos de propiedad están triunfando por encima del supuesto libre mercado, será menos factible que nos engañen. En última instancia, esta nueva lucha de clases es entre el precariado y el capital financiero. Para mí, más importante aún que el hecho de destapar a algunos políticos españoles como corruptos, es darse cuenta de que es el sistema el que está corrupto; por ejemplo, con las puertas giratorias. Y una vez entendamos eso, será más difícil engañar a la gente, porque cuando se demuestra que un político es corrupto, se dice que es un caso aislado y el sistema continúa, y la verdadera corrupción es este sistema, el capitalismo financiero. Este nuevo modo de capitalismo no se parará solo. El peligro que supone es que crezcan las desigualdades y el precariado, que crezca la inseguridad, que el Estado sea más autoritario y que acabemos con estados policiales al servicio de una retórica política del utilitarismo: debemos tener una buena sociedad y tú no te estás comportando de forma adecuada, así que te vamos a castigar.
Este es uno de los peligros a los que nos enfrentamos, esto es lo que Trump representa. La revuelta de la que hablamos es fundamental. No se trata de una llamada a la violencia o a la revolución, que esto quede claro, se trata de una llamada a la unión colectiva, para presionar hacia el cambio y para ponérselo tan difícil al PP o a los conservadores que, incluso si nos pueden manipular para ganar las elecciones, sepan que seguiremos allí, presionando y siendo conscientes de que tenemos una democracia corrupta que basa su poder en la manipulación. Debemos ser activos, esta es la revuelta que necesitamos, y creo que hay mucha energía para ello.

En su último libro habla de los Comunes y menciona que este año es el aniversario de la Carta de los Bosques. Parece ser que está preparando algo para celebrarlo.
Sí! Para mi, este es un tema de mucha importancia. Es el octavo centenario de la Carta de los Bosques y he planeado distintos eventos en Gran Bretaña para mostrar la importancia de rescatar los Comunes y su relevancia actual. El evento central será en Londres e intentaremos recaudar dinero para financiarlo. En el peor de los casos, voy a usar los royalties de mi libro para esto, así que si vendéis alguno de mis libros, ya sabéis dónde irá el dinero. También voy a dar una charla sobre la Carta de los Bosques en nuestro congreso en Lisboa sobre la Renta Básica. La Carta ya establece el principio de una renta básica, porque dice que cada persona tiene derecho a la subsistencia, es también la primera carta ecológica, la primera carta de derechos de las mujeres, que es muy breve, pero que ya apunta hacia esa dirección, y la primera carta de los comunes. 

En su libro La corrupción del capitalismo habla de cómo las nuevas tecnologías contribuyen a la desigualdad, ¿nos podría hablar un poco de ello?
Actualmente hay un debate sobre el desempleo tecnológico, sobre cómo los robots van a dejarnos sin trabajo, y la próxima vez que venga a esta librería habréis sido remplazadas. No creo que esto sea del todo realista, hay muchos tipos de trabajo por hacer. Por ejemplo, tenemos un déficit de cuidados, no nos cuidamos suficiente, ni a nuestros mayores, niños o comunidades. Nuestra tecnología está más avanzada que en cualquier otro momento en la historia y, aunque haya desempleo masivo, hay más trabajos que nunca. El cambio tecnológico y la automatización de las cosas está incrementando el número de rentistas que viven de las rentas generadas por estas tecnologías. Las patentes y copyrights se están fortaleciendo, así que los cambios tecnológicos están empeorando y empeorarán aún más la desigualdad. No creo que los robots puedan reemplazar muchas de las formas de trabajo que hacemos. Reemplazarán algunos de los peores trabajos y tendrán un efecto sobre la distribución de las rentas, afectarán a los procesos de trabajo, promoverán el crecimiento de una economía del trabajo a disposición, a través de plataformas de servicios, y aún más importante, están generando nuevas formas de renta a través de las aplicaciones móviles. Cada vez que subes a un Uber tienes que recordar que el 25% o el 30% de lo que pagas va directamente a los dueños de la app. Son como arrendadores en un proceso de extracción de rentas. El modo en el que se usa la tecnología está empeorando la desigualdad y contribuyendo al crecimiento del precariado. 

¿Por qué aboga por una renta básica? 
Mi nuevo libro (Basic Income: And How We Can Make It Happen) defiende que es fundamental que apoyemos una renta básica por tres razones éticas. La primera es que la renta básica es una cuestión de justicia social. La riqueza de cada uno de nosotros tiene más que ver con los esfuerzos de nuestros ancestros que con nosotros. Hoy en día ya tenemos la herencia privada, heredar grandes fortunas por nada. No nos pueden decir que tener un dividendo social de la riqueza colectiva es dar algo a cambio de nada, cuando ellos ya lo están recibiendo. Se trata de defender que nosotros, como miembros de nuestra comunidad, tenemos derecho a compartir la riqueza. La segunda razón es que aumentará la libertad, la habilidad de decir no a relaciones de opresión, y esta es la esencia de la libertad republicana, la capacidad de tener el mismo estatus en la sociedad y la capacidad de subsistir. Está claro que todos queremos mejorar nuestras vidas. Todos los programas piloto que hemos realizado nos muestran que la gente que tiene una seguridad básica trabaja más, no menos. Tienen más energía, más confianza, son más emprendedores y productivos cuando trabajan, porque tienen este sentimiento de seguridad. Y esto me lleva a la tercera justificación: la renta básica, aunque sea pequeña, da a la gente un sentimiento de seguridad. Los psicólogos nos han enseñado que la gente en situaciones de inseguridad ve afectada su inteligencia; su estabilidad mental y su sentido de la responsabilidad disminuyen, mientras que con un sentimiento de seguridad, la gente se desarrolla, puede tomar mejores decisiones a largo plazo, tiene una actitud más tolerante hacia los demás y respeta los valores de la solidaridad social. Esto es lo que necesitamos para tener una buena sociedad, así que los argumentos de los conservadores que defienden que no deberíamos dar nada a la gente, porque eso les hace vagos, son completamente erróneos. Si queremos una buena sociedad, debemos apostar por un sentido de la justicia social, de la libertad, un poder resistir las tendencias autoritarias que nos dicen qué hacer y qué decir. Nunca he dicho que la renta básica vaya a solucionar todos nuestros problemas, pero es parte de esta nueva sociedad del siglo XXI que deberíamos querer. 

Para terminar, ¿nos recomienda un libro?
Estoy leyendo un libro extraordinario ahora mismo, escrito en 1935. Se trata de Eso no puede pasar aquí, de Sinclair Lewis. El libro habla de un hombre muy rico que entra en política, se postula para presidente de los EE.UU. y se dedica a recorrer el país y a contar mentiras de forma sistemática, diciéndoles a todos que les va a dar esto o aquello y cómo va a conseguir recuperar el pasado glorioso…

Nos resulta familiar… ¿cómo termina?
Se convierte en presidente de los EE.UU. Es un libro extraordinario porque es tan relevante hoy en día... Por supuesto, es un fascista y antisemita aterrador que está en contra de los derechos de las mujeres, pero lo lees y piensas: «Conozco a un hombre así». Es muy satírico, aunque no diría que es un gran libro si lo que quieres es una lectura excitante, pero es un libro importante porque ayuda mucho a entender a Trump, y nos dice que deberíamos estar realmente preocupados. 

Mireya Valencia y Elisabeth Massana

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