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Remedios Zafra

El entusiasmo

20.04.2018
Hubo un tiempo en que los dioses impelían el fuego interior de los entusiastas. En la era de internet y las políticas neoliberales ya no quedan seres divinos, pero la fogosidad del ánimo se reaviva cuando algo excita el íntimo deseo de transformar la realidad a través de la creación; he aquí un primer ejercicio de nuestra libertad secuestrado por el sistema para mantener su velocidad productiva.

El sujeto creativo deviene sujeto precario. La burocratización amenaza el ímpetu, los concursos públicos fracturan los lazos entre iguales, el multiempleo difumina la identidad y los grandes titulares descabezan la profundidad del pensamiento. El trabajo cultural se ha feminizado, y lo que antes se pagaba con dependencia y afecto, hoy se remunera con reconocimiento y visibilidad.

En un mundo hiperconectado y efímero, la carne se hace píxel y el futuro se instala en su condición de promesa, pero el tiempo pasa y el cuerpo se agrieta. El fuego se extingue. Ante el exceso digital, la fantasía resiste como única herramienta política capaz de articular el cambio.

El entusiasmo no pretende apaciguar el ánimo sino perturbar el alma domesticada, poner frente a ella las contradicciones que alimentan su ataraxia y plantearnos si merece la pena o no volver a encender la mecha.
 

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